Crónica 19
Iglesia de Santa María en Trastevere
Hacía unos minutos que habíamos salido de la basílica de
Santa Cecilia, e íbamos en busca de la iglesia de Santa María en Trastevere. Ya
en la calle, preguntamos donde se encontraba. Cuando llegamos, tomamos asiento
y apenas pasado dos minutos me levanté y comencé a tomar fotos y videos,
mientras Margarita tomaba fotos por uno de los pasillos, yo caminaba por de la
nave central llamándome la atención su techo, el que me dio la impresión de que
estaba adornado en oro, a su vez; me acerqué al baldaquino, el cual estaba
sustentando por cuatro columnas de pórfido rojo. En el medio del mismo se
encuentra un pequeño cuadro de Jesús y al fondo: el transepto, tal parecía que
había sido pintado el día antes. De nuevo volvimos a sentarnos para contemplar
la belleza de la iglesia con todo su esplendor, y darle, una vez más, las
gracias a Dios por permitirnos estar en una de los primeros templos que tuvieron
los cristianos en Roma. Mientras estaba sentado escuché gritos, los cuales
tenía la impresión de que provenían de ultratumba, oía que decía: “Sáquenme de
aquí que quiero volver de nuevo a la luz para continuar enterrando a los
muertos en las Catacumbas”.
—Quien eres —le pregunté a mi subconsciente. Al no tener
respuesta de nuevo volví a preguntar.
—Soy el Papa Calixto I. Como sabrás, yo fui el celador de
las Catacumbas hasta que fui investido para ocupar el trono de San Pedro. Si no
lo sabes, yo también fui esclavo.
—¿Y qué haces aquí que no estás en las Catacumbas?
—pregunté.
—Es que fui martirizado y después que la vida se me fue,
tiraron mi cuerpo en un pozo que hubo en esta iglesia, pero un día lo cerraron
y me dejaron en el —me dijo.
—No puedo hacer nada por ti, pues no soy romano y tampoco
creo que otros lo hagan, pues tendrían que echar abajo esta iglesia dedicada a
la Virgen María. Lo que si te sugiero es que libere tu espíritu para que salga
a la luz con el fin de que mantengas este santo lugar, vivo por siempre.
—Tienes razón. Ya mi tiempo de vida entre los hombres
pasó, ahora puedo hacer más para que la humanidad se ame a sí misma.
En eso, Margarita se levantó de su asiento, volviendo yo
al presente. A los pocos segundos salimos a la plaza, donde tomamos nuevas
fotos de la fachada y de la fuente que se encontraba en el lugar. Ya en la
calle nos dirigimos hacia la iglesia de San Francisco de Ripa, no muy lejos de
donde estábamos.
Apuntes de la
Iglesia de Santa María en Trastevere.
Los orígenes de de la iglesia de Santa María en
Trastevere se remontan a la época medioeval, la cual se encuentra en el barrio
del Trastevere, se dice que esta iglesia es la más antigua de Roma dedicada a
la virgen María.
Según cuenta la leyenda, la primera iglesia que se
construyó se irguió sobre un manantial de aceite que brotó en el lugar.
Cuando uno entra en la plaza de Santa María en
Trastevere, lo primero que se encuentra es una fuente construida a finales del
siglo XVII, pero si levantamos la vista hacia los altos, se podrá observar un
maravilloso mosaico, en el que se encuentra la Virgen con el niño, y a cada
lado cinco mujeres vírgenes, las cuales les están ofrendando regalos la
santísima Madre y al Niño, y aún más alto, cerca del campanario, hay otro
mosaico de la Virgen con el niño, este más pequeño.
En Santa María en Trastevere se encuentran los restos de
los papas Calixto I, Julio I y Cornelius, dos de los cuales fueron trasladados
por el papa Gregorio IV desde las catacumbas.
Al entrar a la iglesia, ante nosotros se distinguen 22
hermosas columnas jónicas de granito, las que fueron extraídas de las termas de
Caracallas. También se puede ver varios mosaicos de incalculable valor. Entre
los que más se destacan está el de Pietro Cavallini, (1291) bajo el título de
la Anunciación.
Fue en esta iglesia, de Santa María en Trastevere, donde
los cristianos, por vez primera, celebraron una misa en Roma, por supuesto; de
la iglesia original apenas queda rastro, tan solo el campanario, ya que con el
transcurso de los siglos se fue deteriorando de tal forma que tuvo que ser
reconstruida en el 1140, bajo el papado de Inocencio II y, mucho tiempo
después, en 1860 de nuevo fue restaurada.
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